Basándome en un dicho popular “La gente vale por lo que
es y no por lo que tiene” y la definición de paradigma que
hace Baker (1995) “Un
paradigma es un conjunto de reglas y disposiciones (escritas o no) que hace dos
cosas: (1) establece o define límites y (2) indica como comportarse dentro de
los límites para tener éxito”, se
podría agregar que la grandeza de un país es la intersección del conocimiento y
el techo que nos ponemos como limite para la superación como individuos,
productivos en una sociedad.
De ahí que nuestra misión como educadores radica en
lograr que nuestros educandos eleven ese techo una distancia tal que tienda al
infinito, para lograr ese objetivo como indica De Geuss (1998) se necesita de
tres factores para la producción: el trabajo, el capital y la tierra, los
cuales se podrían sustituir por aprendices, maestros y país.
La riqueza de un país es directamente proporcional
a la preparación de su población. Es decir para que el proceso educativo sea
exitoso, significativo y duradero (Bednar, 1991), el aprendizaje debe ser
crucial siguiendo tres factores: la ejercitación, el conocimiento y el
contexto, por lo tanto el docente juega un papel importantísimo en la riqueza
intelectual de un país al propiciar situaciones de aprendizaje en el educando
desde un enfoque completamente constructivista.




